A Veces Dios Nos Da Más de un Sueño

Steve Hartwig observa la histórica Cancha 23 en León, reflexionando sobre cómo Dios abrió nuevas oportunidades y sueños que nunca imaginó al llegar a Nicaragua.

Y a Aquel que es poderoso para hacer muchísimo más de lo que pedimos o imaginamos, según el poder que actúa en nosotros... 📖 Efesios 3:20

Cuando me mudé a Nicaragua, llegué con un sueño sencillo.

Quería disfrutar mi jubilación en un lugar con un clima cálido, un costo de vida más accesible y una cultura diferente a la que siempre había conocido.

Eso era suficiente.

No estaba buscando una nueva carrera.

No planeaba escribir libros.

Y ciertamente nunca imaginé que algún día me convertiría en autor.

En aquel entonces, simplemente buscaba un lugar al que pudiera llamar hogar.

Mirando hacia atrás, ahora puedo ver que Dios tenía planes mucho más grandes que los míos.

El sueño que me trajo a Nicaragua era real.

Pero no era toda la historia.

Con el tiempo comenzaron a aparecer nuevas oportunidades.

Algunas llegaron a través de amistades.

Otras a través de desafíos.

Y otras por medio de experiencias que jamás habría imaginado.

Lo que comenzó como una aventura de jubilación terminó convirtiéndose en algo mucho más grande.

Descubrí el placer de escribir.

Las historias comenzaron a tomar forma.

Un libro llevó a otro.

Y luego a otro más.

Antes de darme cuenta, estaba haciendo algo que nunca había considerado para mi futuro.

Me había convertido en autor.

Una de las cosas que he aprendido es que Dios muchas veces nos da un sueño lo suficientemente grande como para dar el primer paso, pero no tan grande como para que podamos ver todo el camino por adelantado.

Si pudiéramos verlo todo, quizás nos sentiríamos abrumados.

Por eso, Él nos revela el camino paso a paso.

Lo que creemos que es el destino muchas veces resulta ser solamente el comienzo de algo más.

Eso no significa que nuestros sueños originales estuvieran equivocados.

Pero a veces Dios toma un buen sueño y lo expande hacia algo mucho mayor de lo que imaginábamos.

No porque nuestro plan fuera incorrecto.

Sino porque Sus planes son más grandes que nuestra perspectiva.

Estoy agradecido por el sueño que me trajo a Nicaragua.

Pero también estoy agradecido por los sueños que aparecieron después de llegar.

Las amistades.

Las historias.

Los libros.

Las oportunidades de animar a otros a través de la escritura.

Nada de eso formaba parte de mi plan original.

Y, sin embargo, cada una de esas cosas ha sido una bendición.

Quizás puedas ver algo parecido en tu propia vida.

Tal vez hubo una meta, una decisión o un sueño que te puso en un determinado camino.

Y quizá, mientras avanzabas, Dios abrió puertas que nunca habías esperado.

A veces Él nos da exactamente lo que pedimos.

Y otras veces nos da aún más.

El primer sueño puede ser el que inicia el viaje.

Pero no siempre es el último sueño que Dios tiene preparado para nosotros.

👉 Explora mis libros aquí: https://www.steverhartwigauthor.com/libros

Lee esta publicación en inglés aquí: https://www.steverhartwigauthor.com/blog

Previous
Previous

Las Grandes Historias Suelen Comenzar Pequeñas

Next
Next

El Camino También Me Transformó