A Veces Dios Abre Puertas en Silencio
He puesto delante de ti una puerta abierta que nadie puede cerrar. — Apocalipsis 3:8
Muchas veces esperamos que los momentos importantes de la vida lleguen de manera dramática.
Una oportunidad repentina.
Una respuesta clara.
Un solo momento donde todo cambia de golpe.
Pero muchas de las puertas más significativas de la vida no se abren así.
A veces comienzan en silencio.
A través de conversaciones ordinarias.
Presentaciones inesperadas.
Pequeños actos de bondad.
Momentos que parecen insignificantes en ese instante.
Al mirar atrás, puedo ver muchos momentos en León que parecían pequeños cuando ocurrieron por primera vez.
Conversaciones sencillas.
Personas ofreciendo ayuda.
Encuentros breves que después se transformaron en conexiones duraderas.
En ese momento, ninguno parecía especialmente importante.
Pero lentamente, esos momentos comenzaron a conducir hacia otros momentos.
Una presentación llevó a otra.
Una amistad abrió la puerta a otra conversación.
Una conexión inesperada creó oportunidades que jamás habría podido planear por mí mismo.
Y quizás esa sea parte de la belleza de la fe.
No siempre estamos destinados a ver todo el camino delante de nosotros.
A veces Dios simplemente nos pide permanecer abiertos,
seguir avanzando,
y confiar en que Él está obrando silenciosamente a través de personas y circunstancias que todavía no comprendemos completamente.
No todas las puertas abiertas llegan con gran atención.
Algunas se abren suavemente,
casi sin que uno lo note al principio.
Y solo después comprendemos cuánto nos esperaba al otro lado de ellas.
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